No es común en mi "admirar" a los seres humanos porque soy bastante consciente que estamos hechos de muchas cualidades y bastante defectos. Sin embargo, quién ahora es nuestro presidente me genera esperanza y asombro.
Desde su niñez siempre estuvo fascinado por la literatura y en su adolescencia se dejó seducir por la idea de cambiar el mundo con ideas de paz y reconciliación. Fue militante en un grupo guerrillero urbano, el M-19 (que surgió inicialmente por las irregularidades en las elecciones del 19 de abril de 1970), robaron la espada de Bolívar, robaron armas del cantón Norte (una guarnición militar) y algunos hechos desafortunados que permanecerán en la memoria política de Colombia. Gustavo jamás atentó contra la vida de otra persona, no participó en el secuestro de otro Colombiano y no fue participe de la toma al Palacio de Justicia.
Cuando el M-19 se debatía entre la paz y la guerra, Gustavo siempre dio su voto hacia la primera opción. Fue encarcelado y torturado, a mi edad era Economista, padre de familia, contaba únicamente con dos camisas y dos pantalones, y aún ante sus dificultades económicas siempre supo que ayudar a los pobres sería el sentido de su vida. Nunca sintió la necesidad de tener un carro, ayudó en la construcción de un barrio (ladrillos puestos por sus propias manos) y estudió sobre el cambio climático. Fue alcalde de la capital de Colombia y ayudo a: construir colegios, personas con problemas de drogadicción, que las personas pobres pudieran tener una vivienda y quiso ocuparse de la crisis medio ambiental que más aquejaba a los Bogotanos, la gestión de basuras y transporte, sin embargo, la mayoría de las familias de poder y empresarios de la capital le impidieron poder cumplir sus últimos propósitos como alcalde.
Estuvo exiliado y tuvo depresión, porque extrañaba su vida en el país que cuidó y que siempre juró defender. Cuando fue senador denunció la parapolítica (y acusó a Álvaro Uribe presuntamente culpable de varias masacres y desapariciones en el país), el carrusel de la contratación de los Nule y los falso-positivos. Sus debates se hicieron famosos y se convirtió en un abanderado del cambio del país. Dio su voto a favor de la paz, aún cuando millones de Colombianos decidieron que la paz no era una opción para este país tan desangrado y violentado. El año pasado sucedió la inimaginable Gustavo Petro llegó a la presidencia después de tantos años intentando demostrarle a los Colombianos que sus intenciones son buenas, cobijadas por la democracia y la constitución.
Aún recuerdo a la Colombia que sufría y lloraba por las bombas que ponían en centros comerciales, puestos de policía, edificios del estado, incluso tengo el recuerdo muy claro de la bomba que pusieron al lado de mi colegio, era peligroso viajar entre ciudades y tachaban de socialista a quien pensara que las personas deberían tener las mismas posibilidades educativas y económicas. El país que yo conocí, madrugaba a las 6am a dejar mensajes por la radio a sus familiares secuestrados, esperando que estuvieran bien y pudieran volver a su casa. Pasé por una etapa de mi vida en la que odiaba la política y que no creía en este país, pensaba que nada bueno podría surgir alguna vez, porque la mínima esperanza de cambio era destruida de forma violenta. Sin embargo, Gustavo Petro siempre estaba ahí, sonando, haciendo declaraciones incómodas, llevando la contraria, demostrando que se podía pero que requeriría esfuerzo, dejando claro muchas veces que le importaba más la justicia del país que su propia vida, que existía una persona que no le daba miedo enfrentarse a la narcopolítica, que creía en la conservación del medio ambiente, que creía en las mujeres, los jóvenes y en el poder del perdón y el amor. Si se mira con detenimiento la trayectoria de Petro, se puede observar que no estuvo solo en su camino a la presidencia y que muchos Colombianos también le habían apostado a la paz, lamentablemente muchos de ellos fueron asesinados o desaparecidos.
Yo amo a Gustavo Petro, pero no desde un radicalismo cegador, ni ignorando los defectos que posee, lo amo como aquella persona que me ha permitido llevar a un punto conciliador entre las tristezas que me ha hecho sentir este país por las leyes que no han protegido a los más vulnerables y los momentos de felicidad que he tenido con las personas con las que he crecido. Cuando las personas me preguntaban que por qué votaba por Gustavo Petro, les decía que votaba en nombre de mi abuelo y de mi abuela que merecían un mejor sistema de salud, votaba en nombre de Jaime Garzón quien creía en el poder transformador de los jóvenes, votaba en nombre de Dilan Cruz y su sueño frustrado de cambiar el mundo y votaba en nombre de todos aquellos asesinados por el caso de los falsos positivos. Votaba por Gustavo Petro porque él creía más en Colombia que yo misma y su estandarte siempre fue la paz y la justicia social. Intuitivamente sabía que la política del amor podría traernos armonía y prosperidad.
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Un abrazo desde este paraíso tropical llamado Colombia.

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