Hablemos de Venezuela

 Hola a todos! 

Lo que está pasando en Venezuela es algo que no deja de asombrarme, pero que he ido entendiendo poco a poco como funciona y lo que se proyecta para el futuro de ese hermoso país no es prometedor. Venezuela ahora mismo se encuentra bajo una dictadura y los únicos escenarios viables (teniendo en cuenta el desenlace de otras dictaduras en el mundo) son: un golpe de estado por parte del ejercito o un golpe de estado por parte de la oposición con apoyo del ejercito. No hay más. 

Uno de los sitios a los que considero mi hogar es frontera con Venezuela, tengo un recuerdo de ir con mi papá y su mejor amigo al estado Venezolano más cercano a nuestra ciudad, en esa época fuimos a comer en un Mac Donalds (lo cual era una gran novedad porque en Colombia no teníamos nada de eso), mi mayor ilusión era tener una cajita feliz, descubrir el sabor de una hamburguesa Yankee y jugar con mi nuevo juguete, porque en ese tiempo eran una novedad para nosotros originarios de un pueblito todos los productos emblemáticos de Estados Unidos. 

También solía acompañar a mi papá a hacer mercado, porque en ese momento era muy barato ir a comprar cosas, recuerdo ver muchas tiendas de ropa, de productos plásticos, supermercados y comida. Mucha gente en la calle, muy movido el comercio y las filas larguísimas para poder ponerle gasolina a los carros. Una de mis actividades favoritas era ir a la sección de los productos lácteos, vendían el mejor yogurt y leche achocolatada que he probado en mi vida (nunca he vuelto a probar algo así). 

En mi adolescencia, recuerdo que era un plan ir al duty free a tomarnos algunas cervezas con mis amigos, parqueábamos los carros en los parques cerca al sitio, poníamos música, hablábamos y nos reíamos por algunas horas. Mi primer novio recuerdo que compraba licor y luego venía y lo vendía, porque organizaba salidas con todos  mis amigos y el dinero salía de allí. Recuerdo que mi mejor amiga presentó papeles en un estado Venezolano para poder estudiar medicina, ya que la educación se había vuelto accesible y no era nada costosa si la comparabas con Colombia. Recuerdo también que uno de los planes turísticos por excelencia era llevar  a conocer Venezuela a nuestras familias que venían de visita. 

En medio de todos esos recuerdos ya estaba Chávez en el poder, la primera vez que noté que las cosas estaban cambiando fue la primera vez que Chávez cerró la frontera, empezó a hacerlo pocos días. Y ante cualquier inconveniente con Colombia o sus aliados, cerrar la frontera era la solución más obvia. Unos años después vino el cierre absoluto de la frontera y la toma de los negocios que estaban en su lado, lo cual afectó profundamente la economía de ambas regiones, ya que el intercambio comercial de esta frontera siempre fue muy fluido. Muchas personas fueron a la quiebra y tuvieron que empezar de cero. 

Pasaron muchos años y existía una tensión diplomática porque los presidentes de Colombia eran de derecha, así que la frontera estuvo cerrada años, mientras tanto empezamos a escuchar unas historias que no tenían sentido, algunos decían que las casas podían ser de tablas de madera pero que fijo tenían una antena de Directv, que se vestían de forma muy vistosa, que el gobierno les pagaba la educación, la salud y que la gasolina era gratis. Mientras escuchábamos todas esas historias de nuestros vecinos, también nos enterábamos de los casos de nuestros familiares, amigos y conocidos que habían perdido sus negocios, no tenían trabajo y que estaban buscando nuevas opciones para ganar dinero.

En el año 2015 o 2016, yo ya estaba en otra ciudad empecé a conocer a muchos Venezolanos (lo que me llamaba la atención porque en el pasado no era común encontrar a tantas personas del mismo país lejos de la frontera) y empecé a conocer de primera mano, historias de mucho dolor y sacrificio. Algunos de ellos habían ahorrado demasiado para poder realizar un viaje muy costoso y para empezar una nueva vida en un país desconocido. Siempre hablaban con anhelo y pasión de la patria que dejaron y de lo mucho que extrañaban a sus familias. Alguna vez alguien me contó que había ido a una entrevista con los únicos zapatos que tenía que estaban muy rotos, sin haber almorzado y con el dinero justo para los pasajes de bus, que había sentido mucha vergüenza, pero que esa entrevista le había cambiado la vida y se sentía agradecido por haber conseguido ese trabajo. 

Se hizo más habitual ver a muchas personas recorriendo a pie las carreteras que comunicaban las ciudades de Colombia (donde pasaba trafico pesado como tractomulas), podías ver familias enteras desde niños hasta ancianos. Tengo una imagen grabada en mi memoria, recuerdo que en una parada que hizo el bus en el que estaba viajando para la que considero mi segunda ciudad, estaba esperando al lado del bus a que llegara el conductor porque estaba comiendo y vi una familia de venezolanos (tenían un bolso con la bandera de ese país, la mayoría de ellos tenían ese bolso), pero me concentré en una pareja, posiblemente de mi misma edad, muy delgados y que llevaban en brazos a un bebé envuelto en muchas cobijas, iban por todo el borde de la carretera, yo sólo pensaba ¿Cómo harán para terminar ese trayecto?, de ahí en adelante era subida y venía una parte de mucho frío porque era páramo. Realmente verlos me impactó demasiado.    

Yo tengo la fortuna de haber conocido gente increíble, personas muy alegres y perseverantes. Sin embargo, en el país se hacían cada vez más frecuentes las historias de robo y de asesinato por parte de delincuentes provenientes de Venezuela, tantas historias violentas que la estigmatización terminó siendo parte del juicio final al escuchar cada nueva noticia. Se hicieron comunes las burlas y la xenofobia, porque la violencia siempre trae más violencia, es un ciclo. La economía empezó a verse afectada y lo sabías porque escuchabas que cada vez era más difícil conseguir trabajo, llegaron las elecciones presidenciales y tanto el centro como la derecha dejaban claro que no podíamos "convertirnos en un Venezuela".

La siguiente noticia que me conmovió profundamente fue saber que muchas de los inmigrantes seguían su ruta con la esperanza de llegar a estados unidos, empezaron a mencionar que en el tapón del Darién muchas personas morían por la rudeza de la selva y porque habían muchos grupos de delincuentes que se aprovechaban de las personas que intentaban cruzar, familias enteras destrozadas.

Lo he dicho muchas veces y vuelvo y lo digo, el dinero y el poder corrompen. Para mi es increíble pensar todo lo que ha tenido que sufrir el pueblo Venezolano por culpa de sus dirigentes (tanto de izquierda como de derecha), ha habido tanta corrupción y violencia, que parece imposible que salgan de ahí. Admiro profundamente a esas personas que cada día luchan por tener un final diferente, por aquellos que marchan, protestan, se manifiestan y por aquellos que estando afuera de su país quieren que sepamos como son las cosas realmente, amo el espíritu humano de aquellos que buscan y defienden los derechos humanos. 

Es extraño como de forma indirecta aprendes a amar a un país que no has explorado lo suficiente... supongo que aprendes a querer a Venezuela por las personas hermosas que vas conociendo, te imaginas a Venezuela por sus historias y por esos relatos llenos de nostalgia, patria y amor. Deseo de verdad que las cosas mejoren porque todos merecemos estar en nuestro país y tener posibilidades reales de desarrollo. Ahora mismo el panorama es turbio y lleno de sangre, es lo que hay, es lo que es, pero deseo que aquellos que luchan no se rindan y puedan en algún momento volver a tener la patria con la que tanto sueña la mayoría.

He creado mi cuenta de Paypal por si quieren apoyar de alguna forma mis sueños:  cavc0424@gmail.com  

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